martes, 10 de septiembre de 2013

Todavía duele...

Y comienzo a escribir. En caliente. Con toda la rabia en mi cuerpo. Con decepción, ira. No sé que esperaba realmente, pero imagino que no sentirme decepcionada por personas que han sido importantes en mi vida. Ustedes. Precisamente ustedes, las que decían ser mis amigas, las que decían ser mis hermanas. Cada vez que lo pienso me entran unas tremendas ganas de... ¿Llorar? No, digamos que ese tiempo en el que disfrutaban viéndome hacerlo por suerte ya ha pasado. Ya no me quedan más lágrimas. Por más que tenga ganas o necesidad, mis ojos se secaron de tanto llorar. Pero sí, ganas de gritar. Gritar que sigo acá. Y aunque es probable que no las necesite, siento día a día una extraña necesidad de aferrarme a los recuerdos. Quizás la culpa sea mía. Y duele, mucho. Por más que haya pasado mucho tiempo, sigue doliendo como el primer día que decidieron irse de mi lado. Duele pensar que soy la única que siente todo esto. Duelen estás situaciones de quedar en el medio y no poder hacer absolutamente nada. 
Ojala fuera fácil desprenderse de algo que se lleva ya en la sangre. 


No hay comentarios.:

Publicar un comentario