jueves, 20 de junio de 2013

Cerremos los ojos por un momento. Intentemos hacer silencio y, evitando la lluvia de preocupaciones o ideas recurrentes, animémonos a sintonizar con esa letra y música que llevamos dentro. ¿Qué suena por ahí? No insistan, intenten escuchar. Si hoy no es posible, tal vez mañana. 
Todo ser humano tiene en su interior, en su alma, un sonido bajito, su nota, que es la singularidad de su ser, su esencia. Si el sonido de sus actos no coincide con esa nota, esa persona no puede ser feliz. ¿Qué suena ahí dentro? ¿Suena bien? ¿A tu agrado? ¿Estás escuchando? Tal vez mañana.
Podríamos decir que perder el registro de nuestra nota interior sería algo así como poner en riesgo el equilibrio de cada una de las partes que constituyen nuestra más auténtica y sentida identidad. 
Probablemente la armonía comience a sonar cuando nos atrevamos a aceptar, pese a todo, nuestras voces interiores, su historia, su sentido de realidad y contexto. ¿Podemos hacernos cargo de nuestra música? Tal vez mañana.
Para poder escucharnos con armoniosa fidelidad, es fundamental evitar los juicios y prejuicios a la crítica. Si bien somos parte de un coro, no tiene mejor oído quien vive escuchando o baila al ritmo de cajitas musicales ajenas. 
¿Qué suena a tu alrededor? ¿Solemos registrar la música ambiental o ya es pura costumbre? Hasta la naturaleza en si misma está en riesgo frente a cualquier posible desbande. Pero siempre está dispuesta a recobrar esa homoestasis, la armonía natural.
Armonía es tener capacidad de organizar los acordes, combinar las dos o más notas que suenan simultáneamente. Por naturaleza tenemos esa capacidad de componer, de hacer ajustes o producir nuevas y mejores partituras. 
Armonía es lograr la relajación, calma, el silencio suficiente y necesario para registrar que suena ahí dentro y que nos gustaría escuchar. 
Armonía es alejarnos de la violencia, de los silencios que son siempre silencios, de aquello que no queremos o sería saludable no escuchar más.
Armonía provoca la posibilidad que tenemos todo el tiempo de hacer ajustes o componer nuevas melodías. 
Armonía es saber que tenemos todas las posibilidades de alcanzar la paz interior. Tal vez mañana, si es que hoy nos hemos animado a destaparnos un poco los oídos. 



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